Apenas hace unos días que te marchaste, y esto sigue siendo difícil. Has alegrado mi verano de una manera increible. No consigo explicarme cómo hemos podido conectar tanto en tan poco tiempo. Y aunque sé que para tí es más fácil, ya que estás descubriendo una ciudad nueva, también sé que te gustaría que estuviera contigo en Madrid para mostrarte el lado de la ciudad que yo conozco.
A veces me paro a pensar en lo que no te dije. La comunicación cara a cara siempre es más difícil ¿verdad? Es más fácil escribirte aquí, donde ni siquiera sé si leerás mis pensamientos. Y, aunque los leyeras, no es seguro que comprendieras lo que lees.
Sé que volveremos a vernos, porque no hay despedida que dure demasiado cuando dos personas ansían volver a encontrarse. Y no voy a dejar que te alejes como hago siempre. Esta vez me he prometido que seré capaz de mantener el contacto, aunque sea en la distancia. No dejaré que el lazo que nos ha unido estas semanas se desvanezca.
Cuando te fuiste, parte de mí se fué contigo. Tópico y típico, pero no menos cierto. Y parte de tí vendrá conmigo a Londres, cuando me toque irme. Hay algo en tí, algo especial. Una calidez que una vez que surge parece imposible evitar. Un brillo propio, tal vez aura o energía como tú quieres creer. Espero volver a verte pronto, y poder dejarme embriagar por ese brillo.
No te olvidaré.
martes, agosto 21, 2007
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Lazos |
lunes, agosto 13, 2007
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Any Random Story - Part V: The Beginning |
’Buenos días señor.’
Nunca me he alegrado tanto de escuchar aquellas palabras. En mi cabeza, su significado adquiría una solidez superior a la de mi propio cerebro, haciendo que poco a poco éste se me saliese por las orejas. Volvía a ser yo, lo notaba. O más bien no lo notaba. No notaba nada. Vegetal, de nuevo. Mi cuerpo se quedó parado ahí mientras desde fuera observaba a la enfermera comprobar la cuña. No, parece que aún no he cagado. Suertuda.
La enfermera echó un vistazo al monitor. Encefalograma plano, ‘Flatline’ me había bautizado el médico. Tantos años sin moverme de esa cama, observando mi cuerpo desde fuera y con la absoluta libertad de vagar por cualquier lado. Y pensar que hasta hace dos semanas maldecía mi situación. El monótono y exasperante sonido de la voz de la enfermera mientras recitaba las nimiedades de su aburrida vida familiar sonaba como el cántico de un coro celestial aleatorio.
Y todo por culpa de ese maldito ángel caído. Menos mal que ya no volvería a molestarme. Menos mal que ya se pudre en cualquiera de los infiernos en los que habiten los de su asquerosa especie.
Por fín en un nuevo principio. Ahora que sabía lo que supone ser humano, ser un peón en una guerra sin sentido, no podía más que alegrarme de volver a ser un espíritu libre, sin ataduras de carne y hueso, sin ningún tipo de dependencia, tan sólo un alma con una comprensión absoluta del universo, capaz de vagar por cualquier parte, de disfrutar de los colores, sonidos y formas de maneras que nadie vivo podría imaginar.
Miré afuera de la habitación, a través de la tenue neblina de la pared de hormigón, y allí estaba ella. Nunca la había visto como ahora. Su alma resplandecía, como siempre había hecho en cierto modo, aunque nunca fui capaz de verla de esta manera. Un vivo tal vez puede percibir levemente estas cosas, pero no es hasta que uno abandona la prisión de sus ojos que no puede ver la realidad tal y como es.
Con un simple vistazo pude apreciar la mera belleza física de su ser, pero esta belleza quedaba ofuscada por las formas y colores que revoloteaban formando su alma. Sus emociones, sus virtudes, sus pensamientos creaban una imagen que, incluso cuando ella no se movía, permanecía en constante fluctuación. La profundidad de los detalles de la imagen, la infinidad de los mismos, hacía el observarla casi hipnótico. Podría pasar la eternidad tan sólo mirándola.
Un reflejo de mi alegría rodeaba su ser. Ella sabía lo que la vuelta a mi estado vegetativo significaba, y compartía la felicidad que ahora mismo me embargaba. Tal vez la conexión que creamos entre nosotros le hacía capaz de percibir mi estado.
Toqué su alma por un segundo, y esa alegría en ella se incrementó. Con esa emoción la dejé allí, dispuesto a explorar la realidad hasta los límites conocidos con mis nuevos sentidos, dispuesto a apreciar cada uno de los milagros de la creación hasta el día en que la dama de negro decidiese acabar con el estado de mi cuerpo. Un nuevo principio, hora de flotar hasta límites desconocidos…

