domingo, octubre 08, 2006

Un sábado cualquiera...

Ayer sábado fuimos al primer Salón del Manga gaditano, a ver que se cocía y cómo andaba el ambiente. La aventura empezó mal, pues nuestro sistema de desplazamiento (el Cobemóvil) no arrancaba ni a la de trés, así que nos tocó caminata hasta el recinto. En principio esto no hubiera sido un problema, si no fuera porque no sabíamos dónde narices estaba el maravilloso recinto. Aún así después de andar y andar y andar y dar vueltas por Cádiz, llegamos.

El ambiente en el salón del Manga resultó bastante más animado que el único otro que he visitado (el de Jerez el año pasado). Había gente a punta pala, mucho friki disfrazado, mucha niña gótica, mucho disfraz de colegiala, algún Tortuga Duende y un Vegeta con una mala permanente, personajes rechazados del relleno de Naruto... En fin, tampoco soy un gran aficionado al Manga, nuestra única intención era dar una vuelta.

Milagrosamente, en la única tienda dedicada a vender cómics en todo un salón del Manga conseguí hacerme con algo que llevo tiempo buscando: el acto final de Rising Stars, esos últimos ocho números que dudaba se llegaran a publicar en España. El mero hecho de ver el tomo con los números que nunca llegué a ver de la serie implicaba compra directa. Os aseguro que pocas veces he sido tan feliz comprando algo, llevaba cerca de cinco años esperando a conocer el final de la serie. Después de haberlo leido sé que la compra ha merecido la pena.

En fin, después de la vueltecita de rigor por el MundoFriki ese, fuimos a comer a un restaurante en la plaza del Mentidero, un sitio de tapas mayormente, donde pudimos disfrutar de unas deliciosas mini-bratwust, unas patatas gratinadas con queso parmesano, una tapita de goulash y alguna que otra delicia en una terracita, con un calor que parece que agosto aún no se ha marchado del todo. Pero uno de los mejores detalles de la comida fué que en la plaza se encontraba uno de los tantos y tantos personajes gaditanos, imposibles de conocer todos ellos. A éste en particular lo bautizamos como el auténtico viejo yonki bailón gaditano, y, para que os deleitéis en el descubrimiento, ahí tenéis una capturita (algo baja de calidad) de lo que nos pudimos reir durante un buen rato.





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